Don Juan salió de su casa y avanzó lentamente. Su rostro estaba triste y su bastón silencioso reforzaba sus pasos vacilantes. Bajó la escalera sumergiéndose en los pasillos llenos de luz, elevadores sin ruidos, escalas metálicas brillantes, altavoces respetuosos y cordiales.
Subió al vagón sin un destino fijo y el túnel se transformó en ciudad, paisaje que pasa, estaciones vivas. Fué el tiempo el que se transformó en destino. Saludó a mucha gente, sonrió a mucha gente... Lo miraron extrañados.
Don Juan subió las escaleras desandando su camino. Su paso era firme y su rostro era todo una sonrisa.
FIN

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